Desafío 5: Metajuego

¿El Metajuego como enemigo o como herramienta útil?

Siempre me ha gustado el metajuego. Creo que hace más interesante todo lo que rodea la ambientación del mismo. Quizás por eso nunca he llegado a disfrutar de la lectura de los manuales de Reinos Olvidados (a pesar de lo que me gusta D&D) y sí que me he leído y releído mil veces las toneladas de manuales de Vampiro: La Mascarada que tengo por casa.


El metajuego era divertido, era fuente de inspiración y ayudaba en tus partidas. El problema es que en el caso antes citado (y en alguno más, como en L5A) fue tan exitoso este metajuego que los diferentes libros se contradecían entre sí, y se generaban una cantidad considerable de manuales inútiles.

Me gustaba seguir el metajuego, hasta que sentí que se abusaba de él. De hecho, llegaba el punto en el que arbitrar una partida se convertía en un puto coñazo cuando participaba ese frikazo que sabía más que tú, que conocía cada página y que no sólo te discutía las reglas (de esos siempre han existido). También tenía que poner el grito en el cielo con la autenticidad o canonicidad de tu partida en lo referente al metajuego (no ya la ambientación...).

Mola: divertido, interesante y ameno para su lectura y para la introducción en el mundo de juego.

No mola: se generaba mucho material contradictorio e inútil y daba pie al listo de turno a darte por saco en partida.

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